Aquella Tarde
Vivirás y recordaras esta tarde, me dijeron,
Y un día volverás como las aves
Después de su largo viaje de invierno,
Para sembrar el trigo que un día
En el campo seco tu padre derramó.
Hace tiempo que deje mis campos,
Mi chacra y mi vieja casa,
Cubierta de ichu quemado por un odio
Que ni siquiera hoy alcanzo a comprender,
Como borrar el llanto de mis hermanos,
A mi padre tendido en la plazoleta
Y a su lado, mi madre, amándolo.
Tanto desconsuelo y ningún remedio.
Ya no queda nadie, solo voces ocultas,
Lamentos sin ningún consuelo,
Balas clavadas tan profundas
En los corazones secos por el tiempo.
¡Oh Dios mío!, como poder vivir en paz
Sí incluso hoy, eso nos quieren arrebatar.
Aun recuerdo las tertulias contadas
En el fogón carroñero mientras tiritábamos
De miedo sin saber que esperar,
En esa tarde ensombrecida
Con esos rifles apuntando, nosotros llorando.
Nadie pregunta, nadie dice nada,
Mi madre, una victima del llanto,
Con una lagrima acariciando sus mejillas
Clamando piedad y justicia,
Solo gritos en la plaza y nadie responde.
Cuerpos desaparecidos, padres llorando,
¡Oh frágil piedad del corazón humano!
¿Acaso no sabes, que duele recordar?
Esa tarde los trinos callaron de susto
Las paredes con pintas rojas
Reinando así el terror en los recodos
Más tiernos de mi pueblo enmudecido,
Y mi padre queriendo vivir, esperando su suerte,
¡Oh febril destino! Esperando su muerte.
No se puede buscar paz con balas y cuchillos
Ni con sangre esparcida de inocentes
De quienes solo quedan ecos del pasado,
Quizá ahora clamen justicia,
Mientras yo, escarbo mi tierra y, siembro el trigo
Que un día mi padre de sus manos, derramó.